La ley 44/2003, de 21 de noviembre, de ordenación de las profesiones sanitarias establece, entre otras cosas, que la fisioterapia, como profesión sanitaria, tiene una serie de competencias. Incluye la asistencial, junto a investigadora, de gestión… Pero incluyendo también nombra la labor preventiva.

Tipos de Prevención:
• Prevención primaria: es aquella que se lleva a cabo para evitar que aparezca una enfermedad.
• Prevención secundaria: son los programas de detección precoz, para tratar la enfermedad en sus primeros síntomas, optimizando las posibilidades de una completa curación.
• Prevención terciaria: consiste el restablecimiento de la salud una vez que ha aparecido la enfermedad, con los tratamientos pertinentes una vez que ya está instaurada.
• Prevención cuaternaria: se refiere a evitar el exceso de atenciones médicas, sobremedicación, etc. cuando una persona sufre un proceso de tipo crónico.

Estamos acostumbrados a que el fisioterapeuta actúe una vez que ya hay un daño, incluso en que de consejos o intervenga de diversas formas para prevenir recaídas o lesiones en el futuro. Lo que es más raro es que el fisioterapeuta actúe sobre personas en principio sanas, sin patología o lesión presente.

Un entorno de trabajo saludable es aquel en el que trabajadores y jefes colaboran en un proceso de mejora continua para promover y proteger la salud, seguridad y bienestar de los trabajadores y la sustentabilidad del ambiente de trabajo Las empresas son responsables del mantenimiento de la seguridad en el entorno laboral, así como del tratamiento, rehabilitación e indemnización de los trabajadores con lesiones y enfermedades profesionales. Estas iniciativas parten, por lo general, del reconocimiento de un hecho aparentemente indiscutible: las incapacidades y las faltas de asistencia resultan caras aunque tengan su causa fuera del lugar de trabajo.

¿Por qué las empresas deberían invertir en la promoción de un entorno laboral saludable? Desde una perspectiva empresarial, un entorno saludable incide de manera positiva en la reducción del absentismo y en la mejora de la productividad, así como en el compromiso de los empleados, la motivación y el clima laboral.
Cuando los empleados están enfermos, la productividad en el trabajo desciende. Si el empleado enfermo no puede ir al trabajo, se generarán costes relacionados con el absentismo. Y si el trabajador acude al trabajo, a pesar de estar enfermo, se produce un fenómeno recientemente denominado “presentismo”, y la productividad se resiente. De cualquier modo, el empleador tiene un coste.